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jueves, 18 de febrero de 2010

Tendencias: de la ‘proletarización’ al ‘pibechorrismo’


‘Ehhh, corré más Gato’, dice un negrito villero con el cerebro arruinado por el paco. ‘Ahhh, corre más con Gatorade’, dice un adolescente rugbier, que ocasionalmente se excede con alcohol en fiestas privadas.
El abismo cultural entre los lúmpenes de barrios humildes (o ‘criaderos de criminales’) y los ciudadanos de la clase media es cada día mayor, aunque el peligro emerge si estamos desprevenidos.
Y no es para desmerecer esta diferencia, ya que es muy probable que la tendencia izquierdista que florece durante la juventud, cuando uno no sabe nada de la vida, lleve a nuestros hijos a querer emular, por la natural simpatía o clemencia que tengan por los llamados ‘pobres’, los usos y costumbres de las capas inferiores de nuestra amalgama social.
Algunos podrán tildar de especuladora esta teoría, pero el solo remitirnos a la historia nos trae a la memoria, a la memoria completa y no la marxista revanchista, el caso de los miles de jóvenes provenientes de familias bien que cedieron ante esta tendencia de los años mozos, y los llevaron a lo que ellos mismos denominaron ‘proletarización’.
Si, como lo escucha, o lo lee, como prefiera, miles de retoños argentinos fueron tentados a querer parecerse a quienes día a día, por no haber tomado la decisión correcta en su vida, por haber procreado de más, o por haber elegido tener padres de tez oscura, dejaban su miserable vida en una fábrica. Esto pasó en nuestro país, las culturas quisieron fundirse, gente preparada para usar su intelecto terminó usando sus manos para poder asemejarse a los “obreros”.
Ridículo, ¿no?, pero pasó. Ahora bien, la política económica de los gobiernos que sucedieron a esa época han eliminado esa posibilidad, ya que no hay fábricas. Y si queda alguna, la flexibilización laboral funciona como selector natural.
Pero ¿se ha alejado el peligro?. Por cierto que no. Miles de adolescentes y jóvenes siguen viendo con simpatía las expresiones pseudoculturales de quienes en realidad son los victimarios de las clases que logran sus metas a través del esfuerzo, y no quitándole prepotentemente los bienes a los demás y mofándose de la ley.
Así cualquier muchacho de buena cuna puede propinar un ‘altas llantas’ o ‘pinto bondi’, olvidando que esos vocablos pertenecen a algún pibe chorro, y no a alguien con futuro en la sociedad.
Evitemos que fuerzas superiores a las nuestras tengan la obligación patriótica de poner en caja la cultura nacional nuevamente. Eduquemos a nuestros hijos para que no confundan lástima o limosna, con igualitarismo desenfrenado y malos gustos.

La Notita Renegada – Articulo publicado por Paco Modado, docente de la UBA, Departamento de Fonoaudilogía Lingüística y Cultura Nacional

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